“De pequeño buscaba ávidas miradas en las habitaciones de las casas, gritos por los patios, sorpresas por las calles; creció y quiso ver otros lugares, descubrió la tristeza en la nocturnidad de las ciudades, los sueños en la lucidez de los parques; se hizo mayor y se dedicó a observar a los niños jugar en los soportales, a perderse entre sentimientos, por diversos parajes; el último suspiro que le quedaba lo dedicó a rememorar esos momentos, esas vidas, todos esos hogares…
Y es que un libro que pasa de mano en mano, al final
acaba contando muchas más historias de las que tiene impresas, por el viaje.”
Alborotados, los libros extendieron el rumor por los
estantes de la librería, esperando ser el siguiente.
