jueves, 19 de noviembre de 2015

Anhelos de Tinta


“De pequeño buscaba ávidas miradas en las habitaciones de las casas, gritos por los patios, sorpresas por las calles; creció y quiso ver otros lugares, descubrió la tristeza en la nocturnidad de las ciudades, los sueños en la lucidez de los parques; se hizo mayor y se dedicó a observar a los niños jugar en los soportales, a perderse entre sentimientos, por diversos parajes; el último suspiro que le quedaba lo dedicó a rememorar esos momentos, esas vidas, todos esos hogares…
Y es que un libro que pasa de mano en mano, al final acaba contando muchas más historias de las que tiene impresas, por el viaje.”
Alborotados, los libros extendieron el rumor por los estantes de la librería, esperando ser el siguiente.
 

lunes, 17 de agosto de 2015

Nada como el Silencio


Siempre creí que la nada y el silencio se complementaban, que había ocasiones en que la nada y el silencio se alineaban contigo para dar lugar a fenómenos extrañamente maravillosos.
No se puede decir gran cosa de ese intento de soledad que nos invade en cada momento vacío en el cual nos vemos atrapados, por suerte o por desgracia, por circunstancias o por causas, por afición o evasión, cuando toda esa nada impregna nuestro interior.
Esto pretendía ser una reflexión sobre el silencio más allá de las palabras, más allá de los sentimientos, más bien, más acá, más cerca de nuestros pensamientos.
No es que haya ciertas razones que nos lleven inexorablemente a mantener la mente en blanco y escuchar el silencio en medio de la nada. No, esas razones no aparecen así por así ni son siempre las mismas, son más bien imprevistas, pero certeras.
Cada día llego a preguntarme en un momento u otro si de verdad sé qué es lo que estoy queriendo decir con mis silencios, si de verdad los controlo o salen por si solos porque esa era la ocasión idónea. Son esos ratos de reflexión sobre nada los que van llenando mis días.
Tenía que materializarlo para darme cuenta de que, en esa nada, en este papel en blanco, sigue sin tener sentido.
El silencio y la nada son esas barreras inexpugnables que tienen ese halo de misterio tras el cual podemos refugiarnos, pero del cual no sabemos nada (nunca mejor dicho).
Creemos que cuando lleguemos a conocer el porqué de todos y cada uno de nuestros actos por fin podremos descansar. A muchos les gusta el enigma de dejarse pistas para no llegar, pero rozar, ese conocimiento. Otros se despreocupan y van mirando hacia delante sin darse cuenta del lastre que les mantiene inertes, en el sitio. Yo, no sé, sigo atrapado en mi nada, avanzando en silencio hacia el misterio, esperando la ocasión de descubrir que la explicación es tan simple como que no hay explicación, pero todavía me queda mucha nada que cubrir y mucho silencio que expresar como para acercarme siquiera (o no, ahí está la incógnita, ahí está la vida).
Y es que al final creo que la esencia de la vida son sus silencios.


lunes, 18 de mayo de 2015

Sinceramente, ni yo sé lo que hago aquí, así que escribo


Hay un momento en la vida en que te encuentras en medio de la nada, sabes que tienes que avanzar, por inercia o por llegar a algo, a un objetivo que sabes que va a ser lo más complicado que vas a hacer en tu vida, pero te sientes tan inútil, tan jodidamente perdido, que ni siquiera quieres encontrarte.

Van pasando los días, no ya días, empiezas a contarlo por semanas para acabar contando meses (y no llegas a pensar en años por no sentirte peor). Miras atrás y crees que no has hecho nada hasta ahora, pero de alguna manera estas aquí, por algo sigues avanzando.

Vas ganando experiencia, te dices, te repites, pero experiencia en qué si puede saberse, has leído, has disfrutado de la música, te has emborrachado, te has enamorado, has volado y has caído hasta lo más profundo de los abismos que tú mismo te has marcado. Pero en lo que se entiende por experiencia aquí y ahora, la laboral, la pragmática, la social, no has hecho una mierda.

Puedes consolarte y echar la culpa al sistema. Puedes decir que has buscado, encontrado, pero no lo has conseguido. Y esa es la mayor putada, no has logrado formar parte de la sociedad, integrarte en esa vorágine que se lleva todo consigo y te deja a ti, ahí en medio, suplicando por algo más, no sabes que más, pero algo más. Esa abstracción es la que te arrastra “ad infinitum” (siempre había querido usar un latinismo en algún momento, no me lo reprochéis).

Es aquí donde puedes elegir sonreír y repetirte que ser un “outsider” del sistema es lo más (lo mismo, ¡anglicismos venid a mí!), y sí, hay algunas veces en que sientes que el ir a lo tuyo es lo mejor que puedes hacer, pero en el fondo sabes que si vas a lo tuyo y te dedicas a ti, es lo más dentro del sistema que puedes estar, y es que no cuestionas, dejas pasar las cosas y, como vas a lo tuyo, está todo bien, piensas que ya cambiará y se ajustará a tu forma de ser, de estar.

Yo estoy en ese momento en el que me queda más por vivir de lo que he vivido (o eso espero al menos), pero en el que tendría que haberme cuestionado más cosas de las que me quedan por cuestionar. Es este punto en el que me doy cuenta de que si quiero avanzar tengo que empezar a retroceder y deshacerme de esa inacción a la que he estado adscrito más de lo que me hubiese gustado.

Iba y venía, gritaba y me quejaba, pero yo sólo, en mi vacío.

Sigo en el vacío, no por presiones, yo mismo me he puesto aquí, eso sí, sé que de esta nada se sale, no sé cómo, pero se sale, lo intento, pero mi vacío me sigue atando a mi nada.

Sé que se puede compatibilizar sin muchos problemas el bucle y el entorno, sin embargo, no he encontrado aún ese punto de inflexión, de encuentro. No es que no haya, es que hay muchos y muy variados, no obstante, la comodidad a la que me he llegado a acostumbrar (lamentablemente) me lleva a esperar al siguiente, a esperar a ese que sea el perfecto, a no correr riesgos, no vaya a ser, no tienes por qué ser como no eres, ya vendrá, ya llegará.

Pero ahora quiero tirarme, avanzar, no sé si porque me he cansado de esperar o porque me he acabado hastiando de mí mismo y mi naturaleza. Nunca he sido de destacar, si lo hacía era pura inercia, no buscaba nada, y es que yo en mi nada estaba bien. Tengo que empezar a aprovechar el tiempo que digo que no tengo, aunque supongo que aquí la palabra no será aprovechar, sino hacerlo productivo, dos minutos son dos minutos y no puedo convertirlos en cinco, pero si puedo producir en esos dos, activarlos y no dejarlos vacíos… Con lo bonito que es el vacío…

Se me han metido unas reflexiones en el ojo y sólo pueden salir por las manos, ni mi mente es capaz de procesarlos ni mi voluntad de llevarlos a cabo, únicamente mi imaginación sabe lidiar con ellos.

Se me ha metido el no ser, no existir, en la cabeza y no consigo que salga de ahí.

Se me ha metido la nada en la mente y ahora ocupa todo.

No sé qué hacer conmigo, y lo que es peor, no sé qué esperar de mí.

Hay sueños, hay ilusiones, claro, como todos, pero no hay seguridad, no hay decisión.

Busco cambiar cuando ni yo me encuentro, y aún así es el único fin claro que atisbo ahora mismo en medio de la nada.

Estoy pensando en pensar y eso es todo lo que puedo hacer ahora, o no, a lo mejor puedo actuar, y ser, pero las dudas entre pensar y actuar son lo que componen el abismo, ese abismo en el que llevo tiempo atrapado, esperando a que se forme un puente seguro para poder pasar, y ahora veo que debo saltar. Sé que es tarde, sé que esto es posiblemente la pérdida de tiempo de la que estaba hablando, pero hay que verlo, no sólo verlo, ser consciente de lo que ves y mirar bien la vía por la cual poder alcanzar la solución.

No sé si ha sido por mí o por la sociedad, no sé si puedo preguntar a alguien o si ya no hay respuestas hasta que te desequilibras en medio del camino.

Y aquí sigo, a un lado, apartado en un rincón, en mi rincón, esperando que alguien o algo me coja de la mano cuando hay un cartel que pone claramente que aquí es donde nace y muere la soledad.

Supongo que espero que la soledad muera ahí afuera y comience a acompañarme por dentro para tener dónde agarrarme, pero también supongo que sé que tengo que ser yo el que pase a formar parte de ella y así avanzar al nivel de no pensar tanto y ser más.

Y aún así continúo pensando en si soy o no. Sigo pensando en si quiero ser de verdad cuando llegue la hora de lanzarme a la realidad y luchar con ella para acabar derrotado y por fin sentirme parte del fracaso general.

No sé si cerrando los ojos vale, o es hacer trampas; no sé si correr y no mirar atrás está permitido, o es huir de las reglas de la batalla; no sé si seguir esperando se puede, o es pasar a no formar parte del juego; no sé tantas cosas que dudo de hasta si sé lo que estoy diciendo, escribiendo, sintiendo…

Es muy posible que siga vaciándome por no salir del papel, por puro egoísmo y cobardía, o puede que mostrar estas dudas sea una forma de atravesar ese maldito puente y llegar por fin al otro lado, o al menos ayudar a otras personas a dar el paso. O, lo que es más jodido, que ya haya cruzado y todo esto sea crudo arrepentimiento mientras sólo me permito mirar atrás.

No necesito nada pero necesito todo; necesito a todos y me necesito a mí, solo.

Sé que se puede estar aquí, en la nada, esperando, se sobrevive, yo lo he hecho. No obstante, hay un momento en el que tienes que mirar más allá de ti, es entonces cuando no puedes esperar más, ves como eso que tú llamas sobrevivir es eso, sobre vivir, pero no es vivir en sí. Puede llevar a engaño, sobrevivir, suena a que es algo más que vivir, algo superior, mejor, pero no lo es, es hacer más esfuerzo para conseguir lo mismo o menos, vivir, y de eso es de lo que te cansas, no porque te conviertas en un holgazán sin remedio, en un vago sin ganas, sino porque te das cuenta de que así únicamente puedes vivir tú solo, no con el entorno, no consiguiendo ser, inexistiendo a duras penas. Y yo lo que quiero es ser parte de la inexistencia para visibilizarla, para así conseguir ese equilibrio en el que estas dudas puedan resolverse y no simplemente aislarlas y que pasen a formar capas que cubren la vida y que se acaban olvidando.

Realmente tampoco sé si es eso lo que quiero, pero ya es algo por lo que puede llegar a merecer la pena cruzar, así esta nada en la que me hallo me puede acompañar y formar parte del vacío total y completo que forma la vida, y convertirme en ser, existir, estar.

Si hay alguien que sepa como pasar a ser algo, que lo haga. Yo ya lo conseguiré y entonces nos veremos y nos reiremos de todas estas divagaciones sobre dudas y demás incoherencias, disipándolas.

Por ahora seguiré intentando escapar de la espera.


Disfruta mientras puedas y sufre cuando lo necesites...

 

viernes, 10 de abril de 2015

Evolucionando... ¿Hacia La Madurez?


El otro día estuve hablando con un amigo acerca de lo que es la madurez, y llegamos a una conclusión que me pareció bastante interesante.
Todo parte de una evolución constante; empieza en esos minutos justo después de nacer cuando empezamos a darnos cuenta del mundo que nos rodea, donde cada cosa que vemos nueva nos fascina más que la anterior; vamos creciendo y dándonos cuenta de más cosas hasta que nos fijamos en aquel ser que nos educa, protege y enseña (o que por lo menos intuimos como figura autoritaria), en el mejor de los casos será un padre/madre/tutor que nos vaya mostrando el mundo y del cual aprenderemos su funcionamiento y cómo interpretarlo, en estos casos le vemos como un ser superior, una especie de superhéroe o superheroína cuyo conocimiento y forma de ser queremos llegar a imitar algún día, si nos ponemos en los casos en los que este ser no existe, o es como si no existiese, podemos enfocar nuestra fascinación en otra persona o, incluso, en nosotros mismos, lo cual nos haría más daño en aras de hacernos más fuertes, pero aunque no sea lo ideal es tan válido como éste.
Una vez llegados a este punto pasamos a seguir avanzando por el mundo de la mano de este conocimiento adquirido, por las buenas o por las malas, hasta el punto en el que nos rebelamos contra esta autoridad impuesta, la edad del pavo que suele llamarse, variable dependiendo de cada uno, aquí es donde nuestro cerebro, por unas circunstancias u otras, ajenas a mi conocimiento por ahora (y si alguien me puede iluminar en este aspecto se lo agradecería enormemente) , decide que esta figura que tanta admiración nos causaba, ahora nos parece de lo más normal e incuso despreciable (en casos extremos), y ya sea por efecto de la televisión y sus personajes edulcorados, del mundo y los diferentes seres que lo habitan, empezamos a creer que podemos hacerlo mejor que este ser antes superior.
Todo comienza poco a poco, primero vemos como hay aspectos aprendidos con anterioridad que si los reemplazamos por otros externos, o por unos propios, pueden mejorar, y de hecho mejoran. Es en ese momento cuando nos venimos arriba y queremos diferenciarnos, alejarnos de lo enseñado por estos seres, y de ellos en sí, lo más posible. Al haber probado el dulce néctar de la victoria, efímera pero victoria al fin y al cabo, nos da por cambiar radicalmente y enfadarnos con el pasado, no reconocerlo, desprestigiarlo, romper con los lazos que nos ataron y construyeron en un principio, hasta que, y aquí está el "quid" de la cuestión, maduramos y nos caemos de tan arriba que nos habíamos venido.
Así, la conversación nos llevo a definir el concepto de madurar como ese momento en el que te das cuenta de que no es que puedas hacerlo mejor que tus padres/madres/tutores, sino que lo haces de otra manera mediante la cual avanzas lo que la evolución generacional te deja avanzar. Claro que hay casos excepcionales en los que llegados a este punto esa evolución ha superado con creces a la generación anterior, pero no es lo más normal, lo normal es que mirando atrás, observando el presente, y viendo más allá, nos demos cuenta de que tampoco es que lo hayamos hecho mucho mejor, simplemente hemos añadido un engranaje más a la rueda de la evolución gracias a las herramientas que nos han facilitado estas figuras de autoridad.

Maduramos cuando aceptamos que lo que hemos aprendido nos ha servido para seguir adelante, maduramos cuando continuamos luchando no sólo por diferenciarnos de nuestros padres/madres/tutores, sino también para evolucionar y ayudar a cambiar tanto la sociedad en la que estamos instalados como la generación venidera. En definitiva, maduramos cuando sonreímos ante lo hecho por muchas lágrimas que nos causara y nos dedicamos a reconstruir las ruinas de todos más allá de desear un solar para nosotros mismos.

Eso sí, podemos madurar y seguir siendo niños, el caso es compatibilizar ambos para seguir divirtiéndonos mientras aprendemos a ser.

O algo así...

 

miércoles, 28 de enero de 2015

Mujeres A Trazos


Ella era la chica que habría sido mi novia si se hubieran dado dos condicionantes. Primero, si ella hubiera querido; segundo, si yo hubiera tenido agallas para pedírselo.
Tiene el cabello rojo y alberga dos toneladas de energía en un cuerpo de cincuenta kilos, que está perfectamente configurado desde el suelo hasta el metro sesenta de altura. Yo me moría por pedírselo, pero cada vez que ella se acercaba, encendiéndome el corazón como si cada contoneo fuera una cerilla, yo me deshacía.

Se dio la vuelta, y estaba tan bella… ¿Les he dicho que tiene los ojos verdes, con una pizca de azul? Pues bien, estaba tan hermosa que todas las palabras se me anudaron en la garganta y salieron formando ese ruido tan raro que uno hace al tragar.



  --------------------------------------------

Tenía el pelo negro y largo, recogido con una cinta roja a la espalda, ojos azules y la tez tan pálida que por poco que se avergonzara sus mejillas semejaban dos puestas de sol idénticas, mientras que los labios habrían dado tema para un congreso freudiano de un mes.



sábado, 10 de enero de 2015

Vivencias de un Visitante Inesperado


Pulsé el botón del portero automático, al cabo de unos segundos el altavoz cobró vida con una crepitación y una mujer preguntó en qué podía ayudarme. Le di mi nombre. Me preguntó si tenía hora. Admití que no. Me dijo que el señor estaba ocupado. Contesté que me sentaría en la escalinata y esperaría, y tal vez abriría una cerveza para matar el tiempo, pero no me atenía a las consecuencias si me entraban ganas de echar una meada.
Me dejaron entrar. El encanto, por poco que sea, abre muchas puertas.

Me senté en uno de los sillones. Era incómodo, tal como sólo pueden serlo los muebles muy caros. Al cabo de dos minutos me dolía la base de la columna. Al cabo de cinco, me dolía también el resto de la columna, y otras partes de mi cuerpo se quejaban por solidaridad. Me planteaba ya tumbarme en el suelo cuando se abrió la puerta y me dejaron entrar.

Sentí curiosidad por saber con quién hablaba por teléfono hacía un momento. Quizá no guardaba relación alguna conmigo, en cuyo caso tendría que afrontar la posibilidad de que el mundo no girase en torno a mí. No sabía si ya estaba preparado para dar ese paso.

Les sonreí. Ya éramos todos amigos. Quizá no me invitasen a ir de viaje con ellos. Podíamos beber, reír, recordar la tirantez de nuestro primer encuentro y darnos cuenta de lo estupendos que éramos.
No me devolvieron la sonrisa. Al parecer el viaje se había cancelado.