jueves, 21 de noviembre de 2013

Típico Tópico Espontáneo [Parte Típica]


-“¡Si la cuestión es quejarse!“- la decían una y otra vez en el momento en el que abría la boca para criticar a alguien o disgustarse por algo, y aunque todos pensasen de igual manera nadie se atrevía a levantar la voz.
           
Ella era la única que parecía tener ideales y la única que parecía poder expresarse libremente. A todos los demás se les veía cohibidos, algo normal si tenemos en cuenta que cuando se levantaba una voz en contra del presidente, o de alguno de sus protegidos, esa voz, con su respectiva persona, desaparecía en pocos días. Eso es lo que se respiraba en el ambiente, y lo que se decía por las calles, pero era un concepto que no se podía corroborar, por el hermetismo del gobierno, y es que ese estado de duda continua le beneficiaba enormemente.

Muchos fueron los que intentaron descubrirlo, pero ninguno de aquellos, jóvenes normalmente, consiguió acercarse a ninguna posible respuesta, o por lo menos no volvían para contarlo. Y es que, aunque todo parecía empezar bien para todos, con ilusión y esperanzas renovadas tras la dictadura sufrida, las cosas se torcieron rápidamente.

El principio de la historia que aquí se va a relatar versa sobre un golpe militar, dirigido por el típico general ansioso de poder que no puede esperar a la muerte natural del típico dictador que parece inmortal, el cual, ya en las últimas, era dirigido como una marioneta por esos ansiosos sucesores que eran depositarios de toda su confianza, también típicos en una historia como ésta.

Primero he de poneros en antecedentes, la dictadura empezó como un verdadero calvario, dirigida por un político que se consideraba lo suficientemente culto como para pensar que las ideas que él tenía eran las mejores, y querer implantarlas sin miramiento alguno. ¿Por qué los que joden un país siempre están ansiosos por conseguir el poder absoluto, no pueden aguantar que no se les haga caso y siempre son hombres con alguna lacra que les impide ser tomados en serio, o, en su defecto, militares?
  
Éste también tenía uno de esas imperfecciones que no se notan pero que no le dejaba hacerse notar, y el que vino después era militar, que más se puede decir…

Su mandato empezó de una forma no muy democrática, después de terminar con la dictadura de aquel típico dictador vino un tiempo de régimen militar para “controlar a la población”, cosa que se puede hasta esperar, y es que primero había que deshacerse de aquellos considerados adeptos al régimen anterior, con la excusa de hacer un país nuevo.

Después de este tiempo, que muchos llegaron a comprender, pareció florecer aquel nuevo país del que tanto se esperaba y que tanto prometía: la economía empezó a reflotar, ya que con la dictadura era todo auto producido, sin que llegase dinero de fuera ni saliese hacia otros países, es decir, sin beneficio alguno; el miedo que antes existía para hablar libremente empezó a desaparecer, por lo que el nivel cultural de la población mejoró notablemente; el turismo también empezó a llegar y todo parecía ir como la seda, además había previsiones de un auge aún mayor para el futuro.

Pero todo empezó a fallar después de unos cuantos meses: el paro volvió a aparecer, antes, los que no trabajaban, no existían para el estado, y hasta dejaban de existir para ellos mismos; y ese dinero, que en la primera época llegaba a espuertas, tuvo que empezar a salir. Parecía volver la fase anterior, excepto por esa libertad de expresión que todavía existía.

Fue entonces cuando el gobierno tomó una serie de decisiones que no fueron bien recibidas por los ciudadanos: subida de impuestos, bajada de salarios, prejubilación con pensiones de risa… las típicas. Las medidas que se habían tomado con tal de evitar esta debacle se desmoronaban.

Haciendo uso de la libertad que se les había concedido los ciudadanos empezaron a organizarse y manifestarse, en consecuencia se produjeron una serie de revueltas que hicieron saltar todas las alarmas.
  
Primero intentaron detenerlos con los típicos antidisturbios pero, al ver que no había manera de mantenerlos a raya, el presidente/general/dictador, como queráis llamarlo, se desesperó y regresó a esa mano dura con la que empezó:
-“¡Todos y cada uno de los que estén presentes en esas revueltas o tengan algo que ver con una organización en contra de éste mi gobierno acabará en la cárcel, o, en su defecto- y por el simple humor que tuviese - puede llegar a considerarse como una baja de guerra!”- decía sin que le temblase la voz [ponedle la voz que prefiráis, pero yo siempre me lo imagino con la de Charles Chaplin en ‘El Gran Dictador’]. Una baja, sin más, de esas que hay en todas estas típicas guerras absurdas y desproporcionadas.

De esta manera fue como terminó aquel sueño de libertad y empezó la nueva pesadilla de condenas masivas y típica censura.

En esos momentos todos pensaban lo mismo, ¿por qué si quitas a uno te viene otro que se esfuerza por hacer olvidar al anterior?, ¿para sentirse realizado, o más importante, acaso para implantarse también en los recuerdos de los ciudadanos?, ¿para ser odiado y así hacerse la víctima cuando sufra atentados? Lo que sí sabían todos es que estos típicos dictadores necesitan sentirse acosados para tener así una excusa para acosar, y que no les echen en cara que lleven a cabo diversas acciones sin necesidad de excusa alguna.

Así se puede comprender que, después de unos años conviviendo con ello, nadie se atreviese a alzar su voz en contra del gobierno, y los que pensasen hacerlo no podían comunicarlo ni a su círculo que ellos consideraban más cercano, ni siquiera a los que ellos considerasen “de total confianza”, porque, como en todas las típicas dictaduras, si se delataba a alguien, el delator recibía una jugosa recompensa, y ya se sabe que “cuando hay hambre no hay pan duro”.

No se podía hablar ni en la calle, ni en los bares, ni en los comercios… ¡ni siquiera en tu propia casa!, y es que había gente que se dedicaba a observar por las ventanas para pillar cualquier mínimo descuido en una conversación, el desliz que les proporcionase tan ansiado metal.

Aun con todos estos inconvenientes ella seguía hablando, expresando su opinión acerca de lo vil que era aquella situación y los encargados de llevarla a cabo. No tenía miedo, no es que pareciese que no lo tenía, es que realmente era así de inconsciente. Decía que había que organizarse y derrocar a “Pinocho”, como le llamaba ella por sus características napias, la cual era tan desmesurada que sólo se explicaría si creciese cada vez que mentía, cosa que ocurría muy a menudo.

Esto es lo peor que le puede pasar a un pueblo oprimido, tener al típico dictador, ansioso por el poder, con un no tan típico perfil, el cual era tan considerable que ningún artista era capaz de plasmarlo en un busto, y no poder hablar ni reírse de ello libremente, para desahogarse un poco, buscar alivio en el  sacudirse el peso las cadenas que seguían llevando encima.

Para poder derrocarle tenía únicamente dos opciones, hacer que observase el cambio bajo tierra [o desde el cielo o infierno, según lo que crea cada uno]; o, con la ayuda del odio que existía contra él, organizar un boicot contra el régimen, tanto a nivel nacional como internacional. Aunque ésta última opción parecía más difícil, dado el miedo que existía.

Mientras ésta típica chica de barrio que se levanta contra el poder intentaba decantarse por una de las dos opciones, tumbada en la cama, más bien colchón, de su habitación, en esa casa, pequeña pero acogedora, de las afueras, donde vivía sola con su padre; el presidente estaba reunido con sus asesores preparando una nueva ofensiva contra el país vecino; y el escritor sin ideales, típico que se enamora de la chica con ellos, andaba pensando en el próximo discurso que tenía que preparar para su general.

Aquella típica chica tenía los típicos problemas de las personas que sufren la opresión de un dictador después de haber tenido un sueño durante la adolescencia. Ahora tenía que cuidar de su padre, el cual se había echado a los brazos de los taberneros de todos y cada uno de los bares del barrio y sus proximidades, después de que la muerte se llevase a su mujer y madre de su hija. Ésta llegó de manos de los militares mientras planeaba, en su cabeza, un atentado en contra de la plana mayor del gobierno. Pero había algo extraño en esta muerte, ya que sólo una persona sabía lo que ella quería llevar a cabo, su marido…

 

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