viernes, 22 de noviembre de 2013

Típico Tópico Espontáneo [Parte Espontánea]


Hasta aquí todo parece ajustarse a la normalidad, más bien a lo típico, y tópico. Por ello he de advertir al ávido lector que, al finalizar de leer estas líneas, todo va a cambiar, todo será espontáneo, más que nada para que no os coja por sorpresa y os deje desorientados.

Espontáneamente saltó una chispa que hizo trizas el palacio presidencial, el cual no era ni blanco, ni del típico color ladrillo, ni siquiera del color de la ‘Casa Rosada’ de Argentina. Era dorada con tonos verdes botella, toda una obra de arte.
  
La chispa de la que hablábamos antes no saltó de los típicos cables pelados que se cortocircuitan, ni de esa típica bomba que se pone en el pilar maestro, fue causada por la combustión espontánea del motor de uno de los coches presidenciales, un extravagante Plymouth Prowler naranja. Como consecuencia el pobre mecánico podría haber sufrido la típica ida de olla de su superior, pero esta parte de la historia no es típica, por lo que no fue así, más que nada porque en esos mismos instantes aquel pobre mecánico estaba ultimando ese coche y no se llegó a dar cuenta de nada.

Fue todo tan espontáneo que incluso el presidente podía haber muerto, y ese mecánico podría haber sido considerado un terrorista por algunos y un salvador por otros, pero resulta que el general no estaba en esos momentos en su despacho, como había estado durante todos y cada uno de los días anteriores, esta vez, y saltándose la típica rutina, estaba en casa del escritor de sus discursos, repasando algunos asuntos oficiales, y otros no tan oficiales…

Los que si cayeron en manos de la muerte, muy a su pesar, fueron sus asesores, además de sus serviciales sirvientes, por lo que desde ese momento estaba solo, con el escritor de sus discursos, lo más importante para un político, pseudo-político en este caso, junto con el carisma y la desvergüenza.

En estos casos, sin nadie en el gobierno, lo más típico es que se dé otro golpe de estado, encabezado por aquella típica chica de barrio, por ejemplo; o un endurecimiento por parte del dictador de turno, con ayuda de su querido escritor… pero, como ya he dicho, esta parte de la historia no tiene nada de normal, es más bien una sucesión de actos inesperados, espontáneos, por eso la última parte, la final, la más importante, la dejo en manos de vuestra desbordante imaginación, de vuestro inmejorable criterio, de vuestro indescriptible razonamiento…

Seguro que todos pensáis en estos momentos que hago esto porque no se me ocurre ningún final decente, y que preferíais la primera parte, donde sólo tenías que leer y decidir si os lo pasáis bien o si era mejor no seguir leyendo.

Para todos aquellos que hayan pensado de esta manera he aquí un final que no hará trabajar demasiado a vuestras neuronas, a todos los demás les recomiendo que se imaginen uno un poco más elaborado.

Y es que yo en estos casos me imagino siempre el típico final de cuento de Disney, porque, ¡para que nos vamos a engañar!, a todos nos gusta ver como los buenos consiguen lo que quieren por su cara bonita, por una serie de casualidades que no se darían en ningún otro instante ni en ningún otro lugar, como si fuera una serie de acciones espontáneas que siempre acaban con el mismo tópico, el típico ‘…fueron felices y comieron perdices.

Así que simplemente me cabe decir:


 THE END


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