El otro día estuve hablando con un amigo acerca de lo que es la madurez, y llegamos a una conclusión que me pareció bastante interesante.
Todo parte de una evolución constante; empieza en
esos minutos justo después de nacer cuando empezamos a darnos cuenta del mundo
que nos rodea, donde cada cosa que vemos nueva nos fascina más que la anterior;
vamos creciendo y dándonos cuenta de más cosas hasta que nos fijamos en aquel
ser que nos educa, protege y enseña (o que por lo menos intuimos como figura
autoritaria), en el mejor de los casos será un padre/madre/tutor que nos vaya
mostrando el mundo y del cual aprenderemos su funcionamiento y cómo
interpretarlo, en estos casos le vemos como un ser superior, una especie de superhéroe
o superheroína cuyo conocimiento y forma de ser queremos llegar a imitar algún
día, si nos ponemos en los casos en los que este ser no existe, o es como si no
existiese, podemos enfocar nuestra fascinación en otra persona o, incluso, en
nosotros mismos, lo cual nos haría más daño en aras de hacernos más fuertes,
pero aunque no sea lo ideal es tan válido como éste.
Una vez llegados a este punto
pasamos a seguir avanzando por el mundo de la mano de este conocimiento
adquirido, por las buenas o por las malas, hasta el punto en el que nos
rebelamos contra esta autoridad impuesta, la edad del pavo que suele llamarse, variable
dependiendo de cada uno, aquí es donde nuestro cerebro, por unas circunstancias
u otras, ajenas a mi conocimiento por ahora (y si alguien me puede iluminar en
este aspecto se lo agradecería enormemente) , decide que esta figura que tanta
admiración nos causaba, ahora nos parece de lo más normal e incuso despreciable
(en casos extremos), y ya sea por efecto de la televisión y sus personajes
edulcorados, del mundo y los diferentes seres que lo habitan, empezamos a creer
que podemos hacerlo mejor que este ser antes superior.
Todo comienza poco a
poco, primero vemos como hay aspectos aprendidos con anterioridad que si los
reemplazamos por otros externos, o por unos propios, pueden mejorar, y de hecho
mejoran. Es en ese momento cuando nos venimos arriba y queremos diferenciarnos,
alejarnos de lo enseñado por estos seres, y de ellos en sí, lo más posible. Al
haber probado el dulce néctar de la victoria, efímera pero victoria al fin y al cabo, nos da por
cambiar radicalmente y enfadarnos con el pasado, no reconocerlo,
desprestigiarlo, romper con los lazos que nos ataron y construyeron en un
principio, hasta que, y aquí está el "quid" de la cuestión, maduramos y nos
caemos de tan arriba que nos habíamos venido.
Así, la conversación nos llevo
a definir el concepto de madurar como ese momento en el que te das cuenta de
que no es que puedas hacerlo mejor que tus padres/madres/tutores, sino que lo
haces de otra manera mediante la cual avanzas lo que la evolución generacional
te deja avanzar. Claro que hay casos excepcionales en los que llegados a este
punto esa evolución ha superado con creces a la generación anterior, pero no es
lo más normal, lo normal es que mirando atrás, observando el presente, y viendo
más allá, nos demos cuenta de que tampoco es que lo hayamos hecho mucho mejor,
simplemente hemos añadido un engranaje más a la rueda de la evolución gracias a
las herramientas que nos han facilitado estas figuras de autoridad.
Maduramos cuando aceptamos que
lo que hemos aprendido nos ha servido para seguir adelante, maduramos cuando
continuamos luchando no sólo por diferenciarnos de nuestros padres/madres/tutores,
sino también para evolucionar y ayudar a cambiar tanto la sociedad en la que estamos instalados como la generación venidera. En definitiva,
maduramos cuando sonreímos ante lo hecho por muchas lágrimas que nos causara y
nos dedicamos a reconstruir las ruinas de todos más allá de desear un solar para
nosotros mismos.
Eso sí, podemos madurar y
seguir siendo niños, el caso es compatibilizar ambos para seguir divirtiéndonos
mientras aprendemos a ser.
O algo así...
No hay comentarios:
Publicar un comentario