lunes, 18 de mayo de 2015

Sinceramente, ni yo sé lo que hago aquí, así que escribo


Hay un momento en la vida en que te encuentras en medio de la nada, sabes que tienes que avanzar, por inercia o por llegar a algo, a un objetivo que sabes que va a ser lo más complicado que vas a hacer en tu vida, pero te sientes tan inútil, tan jodidamente perdido, que ni siquiera quieres encontrarte.

Van pasando los días, no ya días, empiezas a contarlo por semanas para acabar contando meses (y no llegas a pensar en años por no sentirte peor). Miras atrás y crees que no has hecho nada hasta ahora, pero de alguna manera estas aquí, por algo sigues avanzando.

Vas ganando experiencia, te dices, te repites, pero experiencia en qué si puede saberse, has leído, has disfrutado de la música, te has emborrachado, te has enamorado, has volado y has caído hasta lo más profundo de los abismos que tú mismo te has marcado. Pero en lo que se entiende por experiencia aquí y ahora, la laboral, la pragmática, la social, no has hecho una mierda.

Puedes consolarte y echar la culpa al sistema. Puedes decir que has buscado, encontrado, pero no lo has conseguido. Y esa es la mayor putada, no has logrado formar parte de la sociedad, integrarte en esa vorágine que se lleva todo consigo y te deja a ti, ahí en medio, suplicando por algo más, no sabes que más, pero algo más. Esa abstracción es la que te arrastra “ad infinitum” (siempre había querido usar un latinismo en algún momento, no me lo reprochéis).

Es aquí donde puedes elegir sonreír y repetirte que ser un “outsider” del sistema es lo más (lo mismo, ¡anglicismos venid a mí!), y sí, hay algunas veces en que sientes que el ir a lo tuyo es lo mejor que puedes hacer, pero en el fondo sabes que si vas a lo tuyo y te dedicas a ti, es lo más dentro del sistema que puedes estar, y es que no cuestionas, dejas pasar las cosas y, como vas a lo tuyo, está todo bien, piensas que ya cambiará y se ajustará a tu forma de ser, de estar.

Yo estoy en ese momento en el que me queda más por vivir de lo que he vivido (o eso espero al menos), pero en el que tendría que haberme cuestionado más cosas de las que me quedan por cuestionar. Es este punto en el que me doy cuenta de que si quiero avanzar tengo que empezar a retroceder y deshacerme de esa inacción a la que he estado adscrito más de lo que me hubiese gustado.

Iba y venía, gritaba y me quejaba, pero yo sólo, en mi vacío.

Sigo en el vacío, no por presiones, yo mismo me he puesto aquí, eso sí, sé que de esta nada se sale, no sé cómo, pero se sale, lo intento, pero mi vacío me sigue atando a mi nada.

Sé que se puede compatibilizar sin muchos problemas el bucle y el entorno, sin embargo, no he encontrado aún ese punto de inflexión, de encuentro. No es que no haya, es que hay muchos y muy variados, no obstante, la comodidad a la que me he llegado a acostumbrar (lamentablemente) me lleva a esperar al siguiente, a esperar a ese que sea el perfecto, a no correr riesgos, no vaya a ser, no tienes por qué ser como no eres, ya vendrá, ya llegará.

Pero ahora quiero tirarme, avanzar, no sé si porque me he cansado de esperar o porque me he acabado hastiando de mí mismo y mi naturaleza. Nunca he sido de destacar, si lo hacía era pura inercia, no buscaba nada, y es que yo en mi nada estaba bien. Tengo que empezar a aprovechar el tiempo que digo que no tengo, aunque supongo que aquí la palabra no será aprovechar, sino hacerlo productivo, dos minutos son dos minutos y no puedo convertirlos en cinco, pero si puedo producir en esos dos, activarlos y no dejarlos vacíos… Con lo bonito que es el vacío…

Se me han metido unas reflexiones en el ojo y sólo pueden salir por las manos, ni mi mente es capaz de procesarlos ni mi voluntad de llevarlos a cabo, únicamente mi imaginación sabe lidiar con ellos.

Se me ha metido el no ser, no existir, en la cabeza y no consigo que salga de ahí.

Se me ha metido la nada en la mente y ahora ocupa todo.

No sé qué hacer conmigo, y lo que es peor, no sé qué esperar de mí.

Hay sueños, hay ilusiones, claro, como todos, pero no hay seguridad, no hay decisión.

Busco cambiar cuando ni yo me encuentro, y aún así es el único fin claro que atisbo ahora mismo en medio de la nada.

Estoy pensando en pensar y eso es todo lo que puedo hacer ahora, o no, a lo mejor puedo actuar, y ser, pero las dudas entre pensar y actuar son lo que componen el abismo, ese abismo en el que llevo tiempo atrapado, esperando a que se forme un puente seguro para poder pasar, y ahora veo que debo saltar. Sé que es tarde, sé que esto es posiblemente la pérdida de tiempo de la que estaba hablando, pero hay que verlo, no sólo verlo, ser consciente de lo que ves y mirar bien la vía por la cual poder alcanzar la solución.

No sé si ha sido por mí o por la sociedad, no sé si puedo preguntar a alguien o si ya no hay respuestas hasta que te desequilibras en medio del camino.

Y aquí sigo, a un lado, apartado en un rincón, en mi rincón, esperando que alguien o algo me coja de la mano cuando hay un cartel que pone claramente que aquí es donde nace y muere la soledad.

Supongo que espero que la soledad muera ahí afuera y comience a acompañarme por dentro para tener dónde agarrarme, pero también supongo que sé que tengo que ser yo el que pase a formar parte de ella y así avanzar al nivel de no pensar tanto y ser más.

Y aún así continúo pensando en si soy o no. Sigo pensando en si quiero ser de verdad cuando llegue la hora de lanzarme a la realidad y luchar con ella para acabar derrotado y por fin sentirme parte del fracaso general.

No sé si cerrando los ojos vale, o es hacer trampas; no sé si correr y no mirar atrás está permitido, o es huir de las reglas de la batalla; no sé si seguir esperando se puede, o es pasar a no formar parte del juego; no sé tantas cosas que dudo de hasta si sé lo que estoy diciendo, escribiendo, sintiendo…

Es muy posible que siga vaciándome por no salir del papel, por puro egoísmo y cobardía, o puede que mostrar estas dudas sea una forma de atravesar ese maldito puente y llegar por fin al otro lado, o al menos ayudar a otras personas a dar el paso. O, lo que es más jodido, que ya haya cruzado y todo esto sea crudo arrepentimiento mientras sólo me permito mirar atrás.

No necesito nada pero necesito todo; necesito a todos y me necesito a mí, solo.

Sé que se puede estar aquí, en la nada, esperando, se sobrevive, yo lo he hecho. No obstante, hay un momento en el que tienes que mirar más allá de ti, es entonces cuando no puedes esperar más, ves como eso que tú llamas sobrevivir es eso, sobre vivir, pero no es vivir en sí. Puede llevar a engaño, sobrevivir, suena a que es algo más que vivir, algo superior, mejor, pero no lo es, es hacer más esfuerzo para conseguir lo mismo o menos, vivir, y de eso es de lo que te cansas, no porque te conviertas en un holgazán sin remedio, en un vago sin ganas, sino porque te das cuenta de que así únicamente puedes vivir tú solo, no con el entorno, no consiguiendo ser, inexistiendo a duras penas. Y yo lo que quiero es ser parte de la inexistencia para visibilizarla, para así conseguir ese equilibrio en el que estas dudas puedan resolverse y no simplemente aislarlas y que pasen a formar capas que cubren la vida y que se acaban olvidando.

Realmente tampoco sé si es eso lo que quiero, pero ya es algo por lo que puede llegar a merecer la pena cruzar, así esta nada en la que me hallo me puede acompañar y formar parte del vacío total y completo que forma la vida, y convertirme en ser, existir, estar.

Si hay alguien que sepa como pasar a ser algo, que lo haga. Yo ya lo conseguiré y entonces nos veremos y nos reiremos de todas estas divagaciones sobre dudas y demás incoherencias, disipándolas.

Por ahora seguiré intentando escapar de la espera.


Disfruta mientras puedas y sufre cuando lo necesites...

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario