jueves, 20 de febrero de 2014

Historia con Alma

Era un día de lluvia, de esos que nos gustaban a ambos, esa lluvia fina que te moja suavemente la cara y te empapa todo lo demás sin delicadeza alguna.
 
Éramos de esas personas a las que les da igual lo que se ve por fuera y les importa más lo de dentro, cosa que nos encantaba y que envidiaban muchos otros. Habíamos tenido suerte en tener estos sentimientos, reforzados los días grises, de lluvia, en esos días salíamos a la calle sin más, a sentirnos libres y hablar, como si estuviésemos uno enfrente del otro, acerca de lo que sentíamos y lo que querríamos sentir.
 
Pero ese día, fatídico para ambos, en ese cruce, algo cambió, un fogonazo y, a continuación, oscuridad. Sentí como su corazón dejaba de tener ese ritmo tan nuestro: “Pim… pam… pim… pam…” y, de repente: “Pim… pummmmmm…”.
 
Entonces, las lágrimas hicieron que se me cerraran los ojos, cuando los volví a abrir estaba prisionero de esa esfera, cálida y acogedora, desde donde podía observar lo que pasaba ahí afuera, aquel cuerpo inerte posado sobre ese asfalto mojado, eso sí, sin miedo a nada. Pero ahora estaba solo y los recuerdos me vinieron de golpe, todos juntos: cuando podía ir a cualquier sitio sin límite alguno, cuando podía conocer a otros sólo con mirarles a los ojos, cuando me calaba hasta más allá de los huesos y sentía ese escalofrío recorriendo mi espalda, igual que con aquella chica a mi lado…
 
-Las vueltas que da la vida…-pensaba-…antes estaba enjaulado y me sentía libre, y ahora que por fin saboreo la libertad me siento atrapado…-
 
Algo me sacó de mis pensamientos, una voz que me era familiar…
 
-¡Vamos, te toca! ¡Vamos! ¡Vamos! ¡Vamos! -

Miré a mí alrededor y reconocí aquel lugar.
 
-¡Había vuelto! ¡Era verdad lo que decían! ¡Era tal y como lo recordaba, exactamente igual!-
 
Los folios seguían encima de aquella mesa, igual de desordenada, como si no hubiera pasado el tiempo. Fui decidido hacia ella para plasmar mis recientes vivencias en aquellos papeles que creía en blanco, pero que ya estaban manchados de tinta… Entonces volví a escuchar aquella voz:
 
-¡Rápido! ¡Qué es de los que no se lo piensan dos veces!-
 
Volví la cabeza para leer lo que había escrito: “¿Recuerdas algo?”
 
En el momento de poner la pluma sobre el papel me di cuenta…
 
-¡Mierda de reencarnación!
 
 

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