La gente sigue pasando a mí alrededor, con un rumbo fijo, con un destino concreto, con un convencimiento que da hasta miedo.
No sé si es sólo por la actitud, por
la apariencia que dan al no titubear al salir de la boca del metro, al bajar
del autobús. No miran más que en una dirección, allá adonde se dirigen, parecen no
tener curiosidad por lo que les rodea, puede que sea porque les son familiares,
ya lo han visto tantas veces que les parece algo anodino.
A mí también me pasa al salir en sitios que
ya conozco, pero hay veces que, por nostalgia, miro a mí alrededor por si algo ha
cambiado, busco algún punto que sé perfectamente que encontraré y doy una
vuelta para curiosear. ¡Pero esta gente no!, va y viene de un sitio a otro
esperando no tener obstáculos ya que antes no las había y no conciben un
posible cambio, a lo mejor es por las prisas, esas malditas prisas, esas que no
te dejan relajarte y te estresan, que te hacen desesperarte y que pueden con
tus nervios.
Otros van dirigidos por alguien al otro
lado de un móvil, el cual llevan permanentemente pegado a la oreja, estos si
miran hacia todos lados, pero no ven, sólo escudriñan esperando encontrar una
referencia que les indique la dirección a las que se tienen que dirigir. Miran
como desesperados, ni siquiera sonríen al encontrarlo, hacen un gesto
afirmativo con la cabeza y hacia allí se encaminan. Todo lo que haya a su alrededor
da igual, está porque tiene que estar y molesta porque no sirve de ayuda, es
más, confunde.
Todas estas son simples reflexiones de un
personajillo que espera sentado a la salida de una boca de metro, y dedica esta
espera a observar a la gente y a agachar la cabeza para plasmarlo por escrito.
He de dejarlo aquí para poder disfrutar de
lo que me rodea. Podría describirlo pero gastaría mi tiempo y el vuestro.
Además, un rato de anonadamiento y observación detallada lo dedicaré a la luna
llena que brilla sobre mi cabeza, y a recordar noches mejores bajo parajes
inspirados por el hechizo de esta misma luna.

No hay comentarios:
Publicar un comentario