jueves, 26 de septiembre de 2013

El Sueño de una Nueva Era [Introducción]


Aunque el día era perfecto, con sus pájaros cantando, sus nubes levantándose y todas esas chorradas que se dicen en un día así, a mí me parecía que la tormenta no había pasado y que seguía lloviendo sobre mi cabeza. Y aunque estuviese de cuerpo presente en el parque de los enamorados, mentalmente seguía en ese callejón oscuro y solitario, a punto de pegarme un tiro en la cabeza, y es que mi vida había perdido todo su sentido. Ya sé que es un tópico, pero en ese momento era verdad. 

Digo “era” porque podría decirse que la tormenta escampó, pero tengo mis dudas. Y es que acababa de salir de aquel callejón con una chica, ese callejón que tan importante fue en mi vida. La chica me sacó de mi estado inanimado, de ese estado que me había poseído después de ver que no tenía balas en la Glock de mi padre. Había estado esperando la muerte, deseando que la parca se me llevase de una vez, y va y me falla la tecnología, hubiese sido mucho más fácil ahorcarme de uno de esos tubos que iban de una casa a otra, me pareció demasiado grotesco y primitivo, pero se ve que habría funcionado mejor.

A lo que iba, la chica, pelo castaño, ojos azules, buen cuerpo. ¿Por qué a mí?, pensaba mientras me ayudaba a levantarme, ¿no hay otras cosas qué pueda hacer una chica como ella a estas horas en vez de estar ayudando a borrachos a ponerse en pie? He de decir en mi defensa que ya no iba borracho, lo que me pasaba es que tenía una de esas resacas de época, pero lo mismo da, mi pregunta seguía siendo la misma. Cuando por fin llegamos a uno de esos bancos del parque conseguí articular algún que otro ruido, ni siquiera eran palabras, aún así vislumbré una sonrisa en sus labios.

No era la primera ni iba a ser la última, eso lo sabía hasta ella, lo que no sabía era la historia de aquel callejón… ¡Qué grandes y gratos momento me ha dado! 

Otros habían sido tan funestos como este, pero al final, y no sé cómo, siempre acababa bien. Estuve con ella unas cuantas semanas, y acabó como había empezado, fugazmente. Ella se fue a trabajar a otra ciudad, yo no quise seguirla, y es que éste era mi sitio, me lo conocía perfectamente y no pensaba dejarlo por nada. 

Empezaré a contarte mi historia desde el principio, y al final me dirás si esta opción te vale, o si prefieres la versión en la que voy dando tumbos de taberna en taberna.

... 

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