viernes, 27 de septiembre de 2013

El Sueño de una Nueva Era [Nudo]


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No puedo decirte mi nombre por razones obvias, ¿dónde me crié?, ya lo sabes, en ese barrio de clase media, con gente normal, pisos más grandes de lo que se podría pensar a primera vista, pero con ese aire de barrio humilde, con los vecinos saludándose al pasar uno al lado del otro, conversaciones largas y ese punto de secretismo, ese guardarse las espaldas. Pero tú descubriste ese punto débil, ese talón de Aquiles que tiene todo barrio, más difícil de encontrar que una aguja en un pajar.

Se ve que te lo tomaste en serio, tanto que hasta te salieron esas arrugas, sí, las he visto, ésas que crees que te hacen un poco más atractivo. ¿Creías que yo no me fijaba en ti? No de la manera obsesiva con que tú lo haces, tu gente te siguió en un principio, en cuanto vieron que no había ni una pista pensaron que te estabas volviendo loco, se les fue el entusiasmo, y te quedaste solo, en mi busca. 

Bueno, que me pierdo, empiezo a hablar y no hay quien me pare. Hablábamos de mi pasado, del principio de mi vida, ¿y qué es de la tuya?, yo sólo he llegado a conocer a tu mujer, que por cierto no estaba nada mal, y a tu hijo, creo que llegará lejos en eso a lo que jugaba en el jardín de tu casa, ¿qué era?, ¿fútbol? Además parece que ahora tienes una hija, no la he visto en persona, todavía. No te asustes, sabes que ni a ti ni a tus allegados les haría daño alguno, soy más de gente hipócrita y déspota. 

Puedo comprender que ése sea tu trabajo, y que, aunque estés de acuerdo con lo que hago, no puedas expresarlo públicamente. Una pena, tú y yo podríamos entendernos y mejorar este mundo de mierda. 

Pero volvamos a mí, no es que sea egocéntrico, sino que creo que te interesa más, ¿mi adolescencia?, de esa parte de mi vida sólo puedo decirte una cosa, no es que fuera un ser solitario, pero todos los demás, con su edad del pavo, me daban pena, más preocupados en perder la virginidad y la conciencia que en arreglar su futuro, con todo lo que se metían. Demasiado estúpidos cómo para llegar a algo, acerté con la mayoría. 

Yo iba a lo mío, sin meterme en líos, y si éstos se metían en mi vida, los resolvía por la vía rápida, sin mediar palabra. En un momento de lucidez se te ocurrió que alguno de ellos hablaría, pero como ya te dije, ni estando perjudicados. Las pocas amistades que forjé, las hice pensando en el futuro, en este presente. No te sorprendas, había que estar preparado para todo, eso lo aprendí de mi padre, lo único bueno que aprendí de él, pero esa es otra historia. 

Esa actitud solitaria fue lo que me hizo descubrir aquel callejón, tanto tiempo vagando por mi ciudad que encontré varios lugares inhóspitos donde dar rienda suelta a mi creatividad, pero ninguno cómo aquel callejón. Estaba bien situado, entre dos bloques de pisos donde vive esa gente con suficiente dinero como para permitirse tres televisores y dos ordenadores, repartidos casi siempre entre la cocina, el salón y el cuarto de uno de los hijos. Con red inalámbrica suficiente como para conectarme desde mi callejón, aunque eso lo descubrí más adelante. 

Lo de ir vagando solo de un lado a otro parecía intrigar a las chicas del barrio, y más de una estuvo conmigo con el fin de descubrir el porqué, ninguna lo consiguió. Y los chicos, como ya te he dicho, se preocupaban cada uno de lo suyo y de cómo llegar a tener todo sin hacer nada. 

Pasemos a mis comienzos, esos comienzos a los que nadie dio importancia, por lo que pude seguir sin preocupación alguna, si me hubiesen hecho caso entonces, nada de esto hubiera pasado, no estaríamos dónde ni en el estado en el que estamos, a lo mejor, no nos habríamos conocido, estas palabras no existirían, y no habría gastado tanta tinta. 

He de reconocer que lo primero que hice fue por dinero, uno de esos niños ricos que venían a pillar hierba a los campos de fútbol, quería joder a una chica que le había negado su propuesta descarada e indecente, la primera derrota que había saboreado le había dejado más gilipollas de lo que era. En ese momento no pensaba en nadie, sólo en esos billetes que me iban a ayudar a culminar mi obra, así que hice lo que me pidió. Ese mismo día, nada más tocar el dinero, me desprecié a mí mismo, y me puse como primer objetivo redimir aquel acto. Me pasé todo el día en el callejón, observando el dinero, pensaba en tirarlo, pero me pareció una soberana gilipollez, porque ya que lo había hecho, había trabajado para conseguirlo, no tenía por qué desperdiciarlo. Debía utilizarlo para otros fines más rentables que hacer feliz a un niñato. 

Pasó bastante tiempo hasta que pude librarme de esa carga, demasiados arreglos en mí obra, eso sí, el dinero dio justo para todos ellos, tal y como había pensado. 

Al cabo de año y medio conseguí terminarlo, para probar saldé esa cuenta de la que te acabo de hablar, tardé más de lo esperado en llevarlo a cabo, pero al final conseguí sacarle todo el dinero de su cuenta sin que me pillaran. Hasta el momento que leas está carta sólo yo sabía de este asunto, así que no intentes nada por ese lado. Como me caes bien voy a ahorrarte trabajo, aun dándote todas las señas de aquel tipo, o de la víctima, ninguno se acordará de mí; el primero porque se ha perdido en los antidepresivos y las bebidas espirituosas, como todos esos niños de papá; ¿y ella?, ella nunca supo de mi existencia, digo yo que se extrañó cuando le deje un poco de dinero en la puerta de su casa, pero se ve que no preguntó. 

Sí, el dinero que saqué esa vez me lo quedé, fue la primera y última vez que hice algo así, porque cada vez que me viene a la cabeza la idea de quedarme algo de lo que saco ese fatídico recuerdo me atormenta y mi conciencia no me deja. 

A partir de ese momento encontré una razón por la que luchar, empecé defendiendo la anarquía, haciendo vulnerables a todas las formas de gobierno existentes, tanto en Europa como en Asia. En África ya eran demasiado vulnerables como para que se metiese un extranjero, y América parecía ir hacia mejor, excepto, claro está, Estados Unidos, que seguía como en cualquier momento de su historia, sin mirar por donde pisa. 

Les impedía llevar a cabo acción alguna, me introducía en sus ordenadores centrales e intentaba cambiar las cosas desde dentro, pero al cabo de unos años me di cuenta de que eso no hacia un gran efecto, de que la única manera de poder conseguir lo que quería era destruyendo todo y volviendo a empezar de cero, la mentalidad de la gente estaba demasiado establecida en una vida regida por una supuesta democracia, pero me pareció algo descabellado en su momento actuar de ese modo. Y es que, al final, cambiar las formas de gobierno y la forma de pensar de la gente sobre éstos no es más que una utopía. 

Reflexioné sobre esto durante poco más de un año, por eso mi parón que tanto te extrañó, ¿pensaste que me había cansado?, ¿o que alguien intento tomarse la justicia por su mano? Me reiría, pero es que si hago dos cosas a la vez a lo mejor consigues que diga algo que no quiero revelar, y ese no es el objetivo de estas palabras que te dedico, lo siento, pero es lo que hay. 

Volví a mi callejón, contemplé alguna de esas obras que hice años atrás, y me dio por hacer otras, para pensar en otra cosa, liberarme un poco y poder seguir con savia nueva, con la mente renovada, y así lo hice. 

La segunda parte de mis acciones tuvieron como base el anti-capitalismo, porque si a los que manejan a toda la sociedad como marionetas, incluso, mejor dicho, sobre todo, a los gobiernos del mundo, les quitas todo, hasta la ilusión de vivir, deberían darse por vencidos, pero esos cabrones son más tozudos que cualquier burro de feria. Conseguí que alguno de ellos se rindiese, pero como también se apoyan en los gobiernos, esto es un apoyo recíproco, de todos los gobiernos, sin excepciones, lo que dije antes no es válido en estos derroteros, me resultó demasiado difícil. 

Pero un reto es mejor si es difícil, pero hice lo peor que se puede hacer contra esta gente, llegué a obsesionarme con ellos, tanto que cometí el único error de mi vida, llevar a cabo dos acciones, de esas que tú llamas “delictivas”, a las que yo llamo “grandes putadas”, esas que tanto me hacen reír a mí y que tanto hacen llorar a los que las sufren, a la vez. Empecé una antes de haber terminado con la otra, gran error. Saturé demasiado la red y consiguieron rastrearme.

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