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Me tuvieron acorralado, en ese callejón
oscuro y solitario que forma parte de toda mi vida, con esa nueve milímetros en
mi cabeza, pensando que todo se había ido a la mierda. Y entonces llegó ella,
esa oportunidad que se le brinda a un hombre sólo en los momentos en los que la
luz de su cabeza se apaga, en las que dejas de pensar en el futuro, ella te
hace volver a la realidad, a pensar en un lugar más allá de cualquier presente.
Esa rubia, que entra una tras otra, y que puedes encontrar en cualquier taberna.
Me hizo hundirme un poco más, pero por lo menos me libró de aquel tiro
fatídico.
En esos tugurios encontré mi salvación y, esta vez sí, fue una mujer,
morena, un día de lluvia, entró como un ángel, buscando un teléfono desde donde
llamar, parece ser que tenía algún problema con su coche, como si fuera una de
esas películas americanas ñoñas, que tratan de la vida de unos enamorados cuyo
comienzo no puede ser más que una casualidad, suerte, destino que llaman esos
guionistas sin imaginación de Hollywood. Pues se ve que yo para el amor tampoco
tenía una gran cantidad de ella.
Como puedes ver, la historia se
repite una y otra vez, como un bucle sin fin. He llegado a acostumbrarme con el
paso del tiempo, y es que no te he dicho que entre esta última y la primera
hubo muchas más…
Todo esto lo escribo sentado en un
escritorio delante de una ventana con unas vistas maravillosas, en una cabaña
situada en medio de la nada, sólo con aquella chica, respirando aire puro y volviendo a las
andadas. No te sorprendas, ya se sabe que la cabra tira hacia el monte…
Te preguntarás cual es mi objetivo
ahora, y el impulso que me ha hecho preparar el acto que voy a llevar a cabo,
pues después de vivir lo que he vivido creo que lo mejor es destruir todo,
volver a esa anarquía de la que te hable al principio. Ya no seré inofensivo
para la gente de a pie. Verás a lo que me refiere dentro de… de exactamente una
hora y trece minutos, no te dará tiempo a impedirlo, todas las sedes irán
cayendo una detrás de otra a esa hora.
A lo mejor llamarás a esto que hago
terrorismo, ¿pero no tenemos todos un poco de terroristas en la sangre? Al fin
y al cabo, ¿qué significa ser terrorista?, ¿no es la búsqueda de un fin, de un
objetivo?
El fin de un terrorista es igual que
el fin de cualquier ser humano, conseguir lo que uno quiere, al principio
piensas en hacer cualquier cosa para llegar a ese fin, pero la sociedad te dice
que hacerlo sin más no sería racional, ¿¡RACIONAL, SI NI SIQUIERA SABEN QUÉ
SIGNIFICA!?, es un concepto que han inventado para limitar las cosas que se
pueden hacer, las ideas que se pueden tener. ¡ALGO MORAL, ALGO JUSTO, ALGO
RACIONAL! Eso es lo que quieren hacerte creer que es bueno hacer, o pensar,
sólo eso es lo que puedes realizar sin temor a que los demás te juzguen negativamente,
con esa justicia inventada, ésa que no saben ni de dónde viene ni por qué está
ahí. Por todas estas razones insustanciales no lo haces, pero ese primer
pensamiento lo llevas dentro, está siempre presente, y te angustia, por eso, la
gente como yo lo único que hace es soltar lastre. Simplemente actuamos, no sin
pensar, ya que hay que arreglárselas para exponerse lo menos posible, porque,
como ya te he dicho, en esta sociedad tienes que actuar dentro de esos límites
impuestos por ellos, los poderosos, los que manejan el cotarro, vamos.
Esto sucede porque ya está
implantada en la sociedad la forma de pensar que te he descrito, muchos años
que son difíciles de cambiar, de hacer olvidar, pero yo espero que en un futuro
no muy lejano esto cambie. En un futuro de una hora aproximadamente.
Te parecerá una locura, un desorden
a escala mundial que no se podrá controlar, pero una vez ejecutado mi plan ese
caos no será tal, las ideas se podrán llevar a cabo sin dificultad y la forma
de vivir de la gente será distinta, la que cada uno quiera, la que han estado
deseando cada día de esa horrible vida que llevaban anteriormente, privados de
sus sueños, de sus libertades. ¡A partir de ahora no habrá nadie que los
maneje!
P.D.: Los gobernantes del mundo
antiguo no tendrán donde esconderse, al final siempre hay alguien que los
encuentra. Te advierto como amigo, NO INTENTES AYUDARLES, o correrás la misma
suerte que ellos, muy a mi pesar…
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Esta
carta la recibí en mi oficina, sin remitente. Aún así sabía de quién se
trataba, aquel chico al cual había estado persiguiendo desde hace más de diez
años y, aunque mi superior le diese por muerto durante todo este tiempo, yo no
quise creérmelo, y he aquí la prueba.
Ahí estaba otra vez, contándome toda su vida, con planes
de futuro y todo.
No sé porque no reaccioné, no llamé a nadie, esperé ese
tiempo en que me dijo que iba a pasar algo grande, y vaya si pasó, el caos
absoluto, los medios de todo el mundo [los que quedaron en pie] cubrieron la
noticia: las casas de los gobernantes, sus coches, sus oficinas, hasta los
edificios gubernamentales que tiene la seguridad más avanzada, todo saltó por
los aires.
Entendía
muy bien a ese chico, yo pensaba lo mismo de todos esos peces gordos, pero lo
que no tuvo en cuenta aquel pobre joven, ahora ya adulto, es que siempre hay
otro dispuesto a ocupar el lugar del anterior, alguno intentará cambiar las
cosas, pero la mayoría de los que suban al poder será más cabrón todavía. Les
había dado una excusa a los más tiranos para gobernar con su criterio, el de la
mano dura, y la cara más dura todavía.
Me sorprendí al encontrarle
unos cuantos días después de las explosiones, creí que por una vez iba a dejar
esta ciudad y explorar esa nueva sociedad que él creía haber creado.
Este
encuentro se produjo una noche en que me fui a vagar por las calles de ese
barrio humilde pero de clase media en el que se crió y me topé, por casualidad,
con el callejón, SU callejón, ese donde había llevado a cabo sus obras de arte,
las artísticas y las terroristas. Estaba bien escondido, en esa parte en la que
no se atreve a meterse nadie que no conozca bien el sitio, y a sus gentes. Había
una gran cantidad de muchachos alrededor de algo que colgaba de una soga, me
temí lo peor.
Recorrí
con la vista cada uno de los rostros de aquellos jóvenes, nada en especial. De
repente, de la esquina más oscura del callejón salió un hombre de mediana edad,
no me lo había imaginado así, con esa cara ovalada y esos ojos negros
profundos, por lo demás, no tenía ningún otro rasgo característico. No habló,
se limitó a sonreírme, y a mirar hacia el final de la soga.
Dirigí
mis ojos hacia esa dirección, y lo único que vi fue una nota. Respiré aliviado,
después del acto de las bombas llegué a pensar que era capaz de todo. Aquella
nota rezaba lo siguiente: “Da
a conocer al mundo, a este nuevo mundo, quién es su creador”- por el reverso únicamente dos palabras- “Bon
voyage…”
Di
la vuelta esperando que se hubiese marchado, pero seguía ahí, con esa sonrisa
eterna que se quedaría grabada en mi memoria, y esta vez su mirada estaba fija
en otro sitio, en ese rincón oscuro del cual había emergido, que iba, poco a
poco, tiñéndose de un color extraño…
C’est la vie…
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