jueves, 19 de septiembre de 2013

Mi Ventana


       Sentado enfrente de mi ventana, nada especial, simplemente observando la vida pasar.
Y es que no son sólo los pájaros los que se escapan de estas fronteras que ofrecen los cuatro lados que enmarcan mi ventana; son los sueños, las ideas, las que se montan en las nubes y se dejan arrastrar por el viento.
Nunca sabré dónde dejan de cabalgar, nunca conoceré quién las recoge al otro lado. Cualquier día suelto un avioncito de papel con mis señas para saber hasta dónde pueden llegar.
No es una ventana especial, tiene su cristal [doble en mi caso] y su marco, su persiana me aísla de la realidad cuando quiero estar en soledad, y su alfeizar, donde los gorriones quedan para hablar.
Es como cualquier otra de cualquier otro lugar, como esa que puedes ver ahora mismo si levantas la vista del móvil, si alzas la mirada por encima del ordenador, puedes sentir esa sensación de libertad, de respirar los sueños de otros, las ideas y deseos de cualquiera que mantenga su ventana abierta a la imaginación.
Las historias de mi ventana son variadas, tratan de niños pequeños jugando y riendo, hablan de gente mayor gritando y discutiendo, gritos de amigos llamando y melodías de notas de vecinos tocando algún instrumento.
Sólo hay una pega que puedo ponerle a mi ventana, y es que no puedo ver la luna… pero veo el sol salir, brillar y despertarme con ternura.
Todo esto desde un primero, imaginad las historia que podría vivir a través de mi ventana en algún piso más alto. Pero no la cambiaría por nada, ni siquiera por esas experiencias de vida secundarias, sino, todas esas promesas no podrían encontrar su camino, todas esas ideas no volverían a su destino, todos esos sueños no se plasmarían de nuevo en mis escritos y, lo más importante, las musas no podrían entrar por la rendija que dejo cada noche por si alguna quiere colarse e inspirarme, ayudarme a terminar estas páginas que empezaron con una idea disparatada y terminarán con una pizca de tu esencia en ese beso fugaz enviado desde ese lugar remoto, entre estrellas y soledad, entre alegrías y sollozos, entre dibujos coloridos y recuerdos rotos [o eso espero…].

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