Sentado enfrente de mi ventana, nada especial, simplemente observando la vida pasar.
Y
es que no son sólo los pájaros los que se escapan de estas fronteras que
ofrecen los cuatro lados que enmarcan mi ventana; son los sueños, las ideas,
las que se montan en las nubes y se dejan arrastrar por el viento.
Nunca
sabré dónde dejan de cabalgar, nunca conoceré quién las recoge al otro lado.
Cualquier día suelto un avioncito de papel con mis señas para saber hasta dónde
pueden llegar.
No
es una ventana especial, tiene su cristal [doble en mi caso] y su marco, su
persiana me aísla de la realidad cuando quiero estar en soledad, y su alfeizar,
donde los gorriones quedan para hablar.
Es
como cualquier otra de cualquier otro lugar, como esa que puedes ver ahora
mismo si levantas la vista del móvil, si alzas la mirada por encima del
ordenador, puedes sentir esa sensación de libertad, de respirar los sueños de
otros, las ideas y deseos de cualquiera que mantenga su ventana abierta a la
imaginación.
Las
historias de mi ventana son variadas, tratan de niños pequeños jugando y
riendo, hablan de gente mayor gritando y discutiendo, gritos de amigos llamando
y melodías de notas de vecinos tocando algún instrumento.
Sólo
hay una pega que puedo ponerle a mi ventana, y es que no puedo ver la luna…
pero veo el sol salir, brillar y despertarme con ternura.
Todo
esto desde un primero, imaginad las historia que podría vivir a través de mi
ventana en algún piso más alto. Pero no la cambiaría por nada, ni siquiera por
esas experiencias de vida secundarias, sino, todas esas promesas no podrían
encontrar su camino, todas esas ideas no volverían a su destino, todos esos
sueños no se plasmarían de nuevo en mis escritos y, lo más importante, las
musas no podrían entrar por la rendija que dejo cada noche por si alguna quiere
colarse e inspirarme, ayudarme a terminar estas páginas que empezaron con una
idea disparatada y terminarán con una pizca de tu esencia en ese beso fugaz
enviado desde ese lugar remoto, entre estrellas y soledad, entre alegrías y
sollozos, entre dibujos coloridos y recuerdos rotos [o eso espero…].
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