-“¡Tachán!”-
decía después de haber introducido la mano en la chistera y haber sacado vivito
y coleando un conejo blanco.
Lo hacía cada viernes, y cada viernes los
niños se quedaban anonadados y preguntaban cómo se hacía, algunos incluso se
preocupaban por la salud del conejito.
Pero la
cara de felicidad de aquellos niños no llenaba de gratitud al mago, él
estaba deseando que algún día uno de aquellos niños dijera: -“Eso yo ya se lo he visto hacer antes”-
o algo parecido, y es que la amnesia recurrente a esas edades tan tempranas
parece más angustiosa.
La magia de la inocencia. ;*
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