Como los ángeles, al caer el sol, tú
desaparecías, dejando únicamente un rastro de tu perfume en mi nariz y una
pizca de tu risa en mis oídos. Veía
volar tu larga melena por entre las puertas del tren y te seguía con la mirada
hasta que llegabas a las escaleras.
Un día te acercaste a mí, no ‘motu
proprio’ sino porque no había otro asiento libre en todo el vagón, y te dejaste
un cabello en el asiento que pude recoger, guardar y admirar toda la noche.
Di rienda suelta a mi imaginación durante
semanas hasta que decidí que era hora de hacer realidad mi colección.
Me gusta la idea!! ¿Por qué no desarollas un mini relato a partir de ella? (Una propuesta de una gatita) ^^
ResponderEliminarTendré en cuenta la propuesta, la guardaré en el baúl de las pendientes, a ver cuando me pongo... ;P
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